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Eleventh Dream Day
Zeroes and ones (Thrill Jockey)
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Imagina a L’Altra pero con un sonido de guitarras rock y sónicas. El resultado será muy cercano a Zeroes and ones , el último de Eleventh Dream Day. Y es que la pareja responsable de revelar un sonido sicodélico, hermoso, ruidoso y enamorado en la primavera de 1987 con Prairie school freakout , vuelve a reclamar lo propio. La guapa Janet Beveridge Bean y Rick Rizzo, dos leyendas vivientes del underground norteamericano, demuestran una vez más por qué su energía y vitalidad marcó época.

Y es que la acústica de Eleventh Dream Day es tan cálida que parece sacada de una dimensión paralela. Con fuertes influencias de Neil Young y con un feeling que invita a perderse en una road movie a través de paisajes enormes y asoleados, esta banda de veteranos modernos ha actuado siempre en el claroscuro, con elogios de la crítica y el fanatismo de sus pares músicos (Yo La Tengo son sus más fervientes seguidores).

Zeroes and ones , con sus canciones acompasadas y la mezcla justa de acidez y dulzura, es una perla rara y elegante. Lo increíble es que esta glamorosa pareja que conforman Rizzo y Bean no ha perdido su pasión y entrega instrumental, viviendo desde fuera las mutaciones del rock. ¿Debería importarles? No cuando has sido contemporáneo y amigo de los mejores de tu tiempo (My Bloody Valentine, Pastels) y cuando tu bajista (Doug McCombs) está metido en uno de los buenos grupos de la vanguardia (Tortoise).

En Eleventh Dream Day lograron transformarse en clásicos y su sinceridad impide que decaigan o pasen 15 años pensando en su nuevo disco, como Kevin Shields. Lisérgicos, bucólicos y simples, sin caer en las locuras de Flaming Lips, los tres de Chicago encienden la llama con Zeroes and ones . Éste conjuga tanto la influencia de las melodías de Tortoise, el folk-country de Freakwater y la electricidad de Rizzo, quien ha estado compartiendo sus deberes en la banda con Smog.

Al final, parece nada más y nada menos que tres chicos que quieren hacer la revolución de las flores en su campus universitario en plenos sintéticos ochenta, y que logran que su acartonada audiencia se libere a los valores de la paz, la naturaleza y el amor. Zeroes and ones nos remite a cuán humanos podemos seguir siendo, aun rodeados de máquinas, donde el cero y el uno son los constituyentes del lenguaje binario informático. Canciones como ‘Insincere inspiration’ y ‘For Martha & Journey with no maps’ poseen esa solidez que sólo la dan los años de experiencia.

Con Zeroes and ones , Eleventh Dream Day se impone una vez más como uno de los hitos libertarios de la contracultura estadounidense: una de esas bandas legendarias, casi beatnicks , como pueden haber llegado a serlo Giant Sand o Calexico. ¿Hippie punk? Pop acaramelado con mucho ruido. “Está todo en mi cabeza”, cantan ellos, y se dejan llevar por remolinos de acordes, feedbacks, ritmos y la fuerza áurea de sus instrumentos, pues su melodía la sienten. “Este disco se basa en la diferencia entre gravedad y dejarse flotar, entre la realidad y el sueño, buscar algo de qué aferrarse o simplemente dejar fluir”, comenta Rizzo.

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