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Michael Penn
March (RCA)
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Aparecido en septiembre de 1989

Imagínate ser el hermano mayor de una superestrella (Sean), hijo de un director de cine y tv de reputación (el patriarca, Leo), también hermano de un casi-famoso actor (que en paz descanse, Chris) y, por último, marido de una cantautora de excepción (Aimee Mann). Como si las reuniones familiares no fueran lo suficientemente difíciles de sobrellevar, imagina que tu primer disco resulta ser un completo éxito artístico y comercial, transformándose en el anticipo de una fantástica carrera a futuro. Pero luego de eso imagina que tu suerte cambia (si no, esto sería una historia tipo Rojo y no un triste pedazo de realidad), y los siguientes discos los compran uno que otro fan compasivo e, imaginemos, tus dispares hermanos y tu señora (a la que le produces los discos, pero desde un respetuoso segundo plano). He aquí un hombre y su disco: Michael Penn y March.

Ese uniforme patrón de batería en primer plano y la firme guitarra acústica que abre el telón han sido una constante desde hace 15 años en las radios. ‘No myth’, una historia de sobreexpectativas amorosas y desilusiones nocturnas (“What if I was Romeo in black jeans/ what if I was Heatcliff it’s no myth/ maybe she’s just looking for/ someone to dance with ”), es el comienzo del disco. Una muestra de resignación emocional con la sonrisa entrecortada por la decepción (“We said goodbye before hello/ my secrets she will never know/ and if I dig a hole to China/ I'll catch the first jump to Soho ”). Todo esto en Nueva York, por supuesto.

Apacigua el ánimo el mid-tempo ‘Half harvest’, pero vuelve a subir el promedio ‘This and that’, una suerte de hermana gemela de ‘No myth’ por su desnudez en los elementos y aquella batería programada que machaca y machaca todo el tema. Esto suena casi como un demo en espera de una megaproducción que nunca se concreta en el muy simple sonido de March . En ‘This and that’ hay un poco más de esperanza (“I'll do this/ and I'll do that/ I'll be burning canyons for you/ I'll do this/ and I'll do that/ and I will wait forever if you'll be there ”), la que se transforma derechamente en absurdo en la extraña conjunción de imágenes del rockabilly ‘Brave new world’, otra muestra de la producción casi espartana de Michael Penn junto a su ex compañero en la banda Doll Congress, Patrick Warren.

Para cerrar el lado A (sí, esto es previo al CD, MP3, etc.), llega el pináculo emocional del disco: una sencilla tonada a base de guitarra acústica, armónica y unos ligeros toques de teclado llamada ‘The innocent one’. Acá Michael Penn quiebra la voz y abre las puertas de una relación confusa (“When the bow broke in pieces we fell/ we would scream and shout/ almost anything/ but the point is we fell dear/ There will be no more wishlessness/ There may be some doubt/ No new day without/ Best that we say farewell here”).

Comenzando la segunda parte del disco, el nivel baja con algunas canciones medianas en tempo y resultados: ‘Disney’s a snow cone/bedlam boys’, ‘Invisible’ y ‘Cupid’s got a brand new gun’. Los escasos compradores de sus discos se encontrarían con ese patrón de temas en la mayor parte de Mp4: days since a lost time accident (Epic, 2000), un disco demasiado estandarizado en producción y arreglos.

Las cosas vuelven a su lugar en el tramo final de March , con el arrebato rockero, nada muy enloquecido tampoco, de ‘Big house’, el recuerdo del Paul Simon setentero en ‘Battle Room’ y un final como de película alegre norteamericana en ‘Evenfall’, con melodías, letras y coros deudores de Everly Brothers.

Así terminan a la par un disco excepcional y la carrera de nuestro invitado. Exageración, por supuesto. Luego vino el desfasado Free-for-all (RCA, 1992), la desapercibida vuelta con Resigned (Epic, 1997), el excesivamente estándar Mp4: days since a lost time accident y su último intento con Mr Hollywood, jr. 1947 (Spin Art, 2005); todos discos de menor nivel que March, que sufrieron la indiferencia pública y que están actualmente descatalogados. Sólo su participación como productor de las bandas sonoras del cineasta Paul Thomas Anderson (Magnolia y Boggie nights, para mejores señas), nos trajo algunas noticias de su apagada figura pública: alejada de la prensa indie y mainstream, con escasos tours en pequeños escenarios de Estados Unidos y con un culto que de tan subterráneo ya parece inexistente. ¿Exageración, entonces?

*Todas las semanas revisamos un clásico contemporáneo. Algo para hacer memoria reciente.

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